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La muerte de Deleuze

In Acto, potencia on 15 abril 2011 at 16:57

Neto e Gadelha: Si hablamos de los medios, los obituarios de los periódicos y revistas brasileños insisten en una misma tecla en relación a la muerte de Deleuze: para ellos su suicidio  es otro final trágico en una lista de tragedias que envuelven el destino de toda una generación de pensadores. ¿Usted encuentra alguna contradicción entre el pensamiento deleuziano y su opción de abreviar su vida?

Suely Rolnik: no solo no veo contradicción alguna, sino que por el contrario, veo una coherencia impresionante. La muerte de Deleuze no tiene nada que ver con un supuesto destino tenebroso de la generación que coqueteó con el diablo al cuestionar el imperio de la razón, como se quiso dar a entender uniendo su suicidio al SIDA de Foucault, o al crimen de Althusser. Esta visión, además de desinformada, y moralista, pues parece considerar el suicidio, la enfermedad o el crimen como castigos de Dios o de quien no soporta la fuerza con que este pensamiento convoca a pensar al lector. Su muerte tampoco me parece que haya sido motivada por una desilusión con la revolución que no llegó hasta hoy. Deleuze siempre contrapuso el “devenir revolucionario” con el “futuro de la revolución”, que tiene justamente que ver con los enfrentamientos de las diferencias que se engendran en el presente y la producción de los devenires de la existencia individual y colectiva en función de tales diferencias; proceso imparable aún en las épocas más infelices.
Deleuze tenía un enfisema que venía agravándose desde hace 25 años (en los años 70 cuando lo conocí, sus pulmones ya funcionaban a sólo un octavo de capacidad). Cinco años antes de su muerte ya se había hecho una traqueotomía, y pasó a respirar a través de una máquina, a la que debía estar conectado la mayor parte del tiempo, restándole prácticamente toda autonomía pudiendo hablar o escribir por un brevísimo lapso cada día. Me contó un amigo que en los últimos tiempos él repetía constantemente sus ideas para poder recordarlas en los momentos en que podía escribir. Releyendo las pocas cartas que me escribió desde 1979, cuando volví a Brasil, noté que su letra fue haciéndose cada vea más temblorosa e irregular. En la última, a final de Septiembre, se quejaba de las restricciones que debía soportar, de tener que aprovechar el mínimo de energía que le quedaba para su trabajo, sin poder dedicarse a otras lecturas. En las últimas semanas, su pulmón llegó a tal punto de asfixia que el no podía escribir ni una línea, ni tampoco hablar. Con la llegada del invierno las cosas se agravarían y no había ninguna posibilidad de recuperación. Mientras pudo escribir y hablar, aún con grandes dificultades y restricciones, él quiso seguir viviendo. Fue en ese estado en que escribió su último libro con Guattari (“¿Qué es la Filosofía?) y organizó dos colecciones de artículos y entrevistas (“Conversaciones” y “Crítica y Clínica”). Pero cuando todo se volvió definitivamente imposible, él escogió hacer lo que parece haber hecho siempre en su vida y que, en todo caso, siempre defendió en su obra: enfrentar las diferencias que se presentan y, por más insoportables que sean, encaminar la existencia en la dirección en que ellas apuntan. ¿Hay acaso una diferencia más insoportable y que requiere mayor coraje que el enfrentamiento con la muerte? Deleuze tuvo el coraje de afirmar la vida hasta el momento extremo de su fin.

4 noviembre 1995

In Acto, potencia on 4 noviembre 2010 at 19:41

Hoy hace 15 años murió Gilles Deleuze

La forma-de-vida

In Acto, potencia on 7 marzo 2010 at 16:16

1

La unidad humana elemental no es el cuerpo -el individuo, sino la forma-de-vida.

2

La forma-de-vida no está más allá de la nuda vida, es más bien su polarización íntima.

3

Cada cuerpo está afectado por su forma-de-vida como por un clinamen, una inclinación, una atracción, un gusto. Aquello hacia lo que tiende un cuerpo tiende asimismo hacia él. Esto vale sucesivamente para cada nueva situación. Todas las inclinaciones son recíprocas.

4

Este gusto, este clinamen puede ser conjurado o asumido. La asunción de una forma-de-vida no es solamente el saber de tal inclinación, sino el pensamiento de ésta. Llamo pensamiento a lo que convierte la forma-de-vida en fuerza, en efectividad sensible. En cada situación se presenta una línea distinta de todas las demás, una línea de incremento de potencia. El pensamiento es la aptitud de distinguir y de seguir esta línea. El hecho de que una forma-de-vida no pueda ser asumida sino siguiendo el incremento de la potencia, lleva consigo esta consecuencia: todo pensamiento es estratégico*.
* Glosa: La conjuración de las formas-de-vida tiene también su manera menor, más disimulada, que se llama consciencia, y en su punto culminante, lucidez; «virtudes» todas estas que UNO aprecia tanto más en la medida en que acompañan a la impotencia de los cuerpos. UNO llamará «lucidez» desde entonces a cualquier saber de esta impotencia que no tiene ningún poder de escapársele.
De esta manera, la asunción de una forma-de-vida es totalmente lo opuesto a una tensión de la consciencia o de la voluntad, a un efecto de la una o de la otra.
La asunción es más bien un abandono, es decir, a la vez, una caída y una elevación, un movimiento y un reposar en sí.

5

Mi forma-de-vida no se relaciona con lo que yo soy, sino con cómo yo soy lo que soy*.
* Glosa: La forma-de-vida de un cuerpo no se contiene, por tanto, en ninguno de sus predicados, sino en el cómo discontinuo de su presencia, en la irreductible singularidad de su ser-en-situación.

6

La cuestión de saber por qué tal cuerpo es afectado por tal forma-de-vida más que por tal otra está tan desprovista de sentido como la de saber por qué existe algo en vez de nada. Esta cuestión señala solamente la negación, a veces el terror a conocer la contingencia. Más aún, a darse cuenta de ella*.
*Glosa A: Una cuestión más digna de interés sería la de saber cómo un cuerpo se añade sustancia, cómo un cuerpo deviene espeso, se incorpora experiencia.
* Glosa B: Hay toda una concepción bloomesca de la libertad como libertad de elección, como abstracción metódica de cada situación, concepción que forma el más seguro antídoto contra toda libertad real. Pues la única libertad sustancial es la de seguir la línea de incremento de potencia de nuestra forma-de-vida hasta el fin, hasta el punto donde ella se desvanece, liberando en nosotros un poder superior de ser afectados por otras formas-de-vida.

7

La persistencia de un cuerpo en encontrarse afectado, a pesar de la variedad de situaciones que atraviesa, por la misma forma-de-vida va en función de su grieta.Cuanto más agrietado está un cuerpo, es decir, cuanto más ha ganado su grieta en extensión y profundidad, menos numerosas son las polarizaciones compatibles con su supervivencia, y más tenderá a recrear las situaciones en la que se encuentra comprometido a partir de su polarizaciones familiares. Con la grieta de los cuerpos crece la ausencia en el mundo y la penuria de las inclinaciones*.
* Glosa: Forma-de-vida: es decir, mi relación conmigo mismo no es sino una pieza de mi relación con el mundo.

8

La experiencia que una forma-de-vida tiene de otra forma-de-vida no es comunicable a ésta última. Son son ostensibles los hechos: comportamientos, actitudes, decires: cotilleos; las formas-de-vida no guardan entre ellas una posición neutra, de refugio bunkerizado para un observador universal*.
* Glosa: […] se trata siempre de hacernos entrar en el gran juego unidimensional de las identidades y las diferencias. Así se manifiesta la más babosa hostilidad respecto a toda forma-de-vida.

9

Las formas-de-vida no pueden ser dichas, descritas, solamente mostradas, nombradas; por tanto, en un contexto necesariamente singular.

En todas las cosas, comenzamos por el medio*.
* Glosa: La distancia requerida para la descripción como tal de una forma-de-vida es propiamente la de la enemistad.

Tiqqun