La séptima sesión, dedicada a las páginas 87-97 del capítulo III, El Imperio, el Ciudadano, de “Introducción a la Guerra de Civil” de Tiqqun, estuvo a cargo de Pablo Perera, filósofo; llegué unos minutos tarde, pero no creo haberme perdido sino una rápida lectura de las páginas correspondientes a la sesión. Después Perera desarrolla una larga argumentación con dos focos: en primer lugar, la interrogación sobre si la Introducción es una “elegía” al modo en que lo es la película “El Arca Rusa“, de Alexander Sokurov, en la que se lleva a cabo una reflexión sobre la desaparición del Poder, en concreto, el relativo al poder en Rusia primero (la desaparición en la niebla de la Zarina) y en la URSS posteriormente (la película es de primeros de los años 90); en segundo lugar, acerca de que si la lectura de los Tiqqun se corresponde con un desarrollo de las reflexiones de Agamben, más concretamente, sobre las formas de vida, con o sin guiones de enlace. Y a raíz de estas reflexiones sobre las actuaciones de Julien Coupat y otros, y su carácter “imprudente”, como parece ser habría dicho Agamben. Pablo Perera utiliza conceptos de Foucault acerca del cuidado de sí, y de Deleuze y de Agamben para apoyar su argumentación. En general, una conferencia pelín académica, honesta por parte del ponente en sus dudas, y que provocó alguna intervención airada (Jordi) en relación, sobre todo, a la continua mención de Agamben, ya que de lo que se trataba es de que se hablase de Tiqqun.
En todas las sesiones, aparece de algún modo cierto ambiente de confrontación que quiero entender es muy positivo, pero que aún me resulta extraño, acostumbrado a conferencias a la americana donde todos son educadas felicitaciones antes de pasar a despellejar al ponente. También en el Seminario Mesetas – Jacotot el grado de confrontación era muy elevado y, para mí, eso debería ser un signo de libertad para hablar. Lo usual es que los individuos que en el mundo están callen y manden callar con su silencio: el consenso hoy se presenta como una profunda expresión del pánico a la muerte de seres que viven vidas muertas, y la profunda hostilidad que se desprende hacia aquellos que desde otra vida tratan de hablar. Aunque tampoco quiero idealizar ciertas descalificaciones que se esconden detrás de ataques personales.

