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In Acto, potencia on 2 marzo 2009 at 22:36

Ultima sesión, dedicada al  capítulo IV de “Introducción a la Guerra de Civil” de Tiqqun, que estuvo a cargo de Amador Fernández Savater.

Fernandéz Savater se propone realizar una lectura acerca de la “textura política” presente en la Introducción y otros textos presentes en las revistas Tiqqun1 y Tiqqun 2 (se encuentra material en http://www.bloom0101.org/), publicadas alrededor del año 2000, en la que se encuentra, junto a Teoría del Bloom y la Introducción numerosos textos de este colectivo.

La pregunta inicial para establecer esta textura sería la de ¿por qué nos sometemos? Las respuestas clásicas irían en la línea de considerar la falta de conciencia de las masas trabajadoras. Otras respuestas, como las de Deleuze, no supondrían una respuesta clara. Para Tiqqun, no hay nada misterioso en el sometimiento. La explicación a semejante afirmación residiría en diversos elementos tales como la presencia, la atención, la exposición, el cuerpo. La respuesta sería la de redisponer los cuerpos de otro modo, capacitarlos, hacerlos más capaces. ¿Por qué son tan breves los movimientos de los últimos años? Para la mayoría de ellos tratar con estos elementos sería como tratar con el infecto signo de la privado, donde está amar, dormir, estudiar… Los movimientos no se hacen cargo de la vida. Éstas serían las formas-de-vida atenuadas, Pero, hay quien no lo acepta. Alguien para quien el problema residiría en ¿cómo revincular lo existencia y lo político?

El Partido Imaginario, cuya definición en la Introducción, incluiría un “nosotros, esa masa de mundos infra-espectaculares, de parias intersticiales, existencias inconfesables de los que no se encuentran en la tibieza climatizada del paraíso imperial. Nosotros, éste es el plan de consistencia fragmentado del Partido Imaginario como expresión política de la negatividad, del accidente general que arrastra esta sociedad en conflictos parciales, sordos, aislados unos de otros. Este proceso es la otra cara del repliegue que es el Imperio. Al hacer del mundo un tejido biopolítico continuo, el Afuera ha pasado Adentro. El afuera de este mundo sin afuera es la discontinuidad durmiente alojada en los alvéolos de nuestra mundial radiación. Se trata del “enemigo cualquiera”, una multiplicidad de prácticas que agujerean el Imperio. Tiqqun es solamente la fracción consciente y anónima de esas prácticas, de ese partido“. Para Tiqqun, no es posible pensar el Partido bajo el esquema dialéctico. En su lugar, acude a tres fuentes: en primer lugar, la de los declasados, presente en Marcuse, para quien son el poder negativo que reside en los márgenes de una sociedad satisfecha de sí misma (“En su propia negación se encuentra lo positivo“, Allen Ginsberg); en segundo lugar, acude a la noción de “plebe“, según Foucault, en la que coincide con el 77 italiano, y que para ambos sería el blanco constante y mudo de los dispositivos de poder; en último lugar, estaría lo “heterogéneo” en Bataille, es decir, aquellos elementos imposibles de integrar, como la locura, todo lo otro, lo inconmensurable.

¿Qué imagenes de la política propone, pues, Tiqqun? En principio, la lucha contra las formas residuales de la dialéctica.Para ellos, toda representación conlleva una reducción de lo real. Lo que Tiqqun propone es convertir en una fuerza la sensibilidad que te atraviesa. Una fuerza material que te atraviese. Una red de cosas, costumbres, palabras, fetiches, lugares y solidaridades. Partir de ahí para conseguir una asamblea de presencias -a diferencia del activista- que no se deja coger en la trampa de las distinciones izquierda-derecha. No es un asunto de organización sino de circulación, que el asunto sea la circulación. Las comunas se definirían por la densidad de los lazos en su seno, por el espíritu que las anima, no por un adentro y un afuera como en la comunidad identitaria. El ejemplo, para ellos, sería la Italia de 1977 o los Black Panthers.

Sería necesaria una reapropiación de lugares, de comunicación, de la supervivencia. La máquina de guerra, donde coinciden vida y lucha, debe ser construida a cada paso. No debe transformarse en un ejército: esa sería la comunidad terrible. Puede combatir pero no tiene necesidad de ello para vivir, hay que evitar que los “contramundo” se conviertan en un reflejo del mundo.

¿Qué sería entonces una insurrección? Sería una complejificación. Se extendería por resonancia, dando más densidad y consistencia a los núcleos en que resuena: evitar la vuelta del deseo a la normalidad, poblar el vacío.

El Imperio es un ritmo determinado que bloquea. Frente a él hay que conseguir una composición entre distintas luchas que buscan sus acuerdos y sus acordes.

(en realización)

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